Rico, guapo y fuerte. Era la imagen juvenil del sueño americano. TenÃa 17 años recién cumplidos y esa mañana iba a empezar el nuevo año escolar. Pero Marty Tankleff nunca llegó al colegio. Sus padres habÃan sido atacados a martillazos y acuchillados durante la noche. Y cuando bajó a desayunar descubrió en el ensangrentado salón de su casa a su madre, muerta, y a su padre, que murió unas semanas después, inconsciente, agonizando.
Era tan sólo el comienzo de una pesadilla que durarÃa 20 años. El oscuro destino kafkiano en el que se hundió Tankleff, y del que acaba de emerger, demuestra que los presos extranjeros de Guantánamo no son los únicos que sufren las arbitrariedades del aparato punitivo estadounidense. Los propios ciudadanos del paÃs -incluso los aparentemente privilegiados como Marty- viven sujetos a sus caprichos.
Noticia completa | A la cárcel por nada (El PaÃs)
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