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Aún no finalizó la guerra del fútbol Un condón en su whooper
Dic 09

Lo escribe Juan Carlos Escudier: “Salvo en la torre de Londres, donde hay que tenerlos bien alimentados y lustrosos porque, según la leyenda, la monarquía británica tendría los días contados si faltaran, la cría de cuervos nunca fue una afición recomendable. Sus escandalosos graznidos y su pasión por la carroña los hicieron inservibles para la cetrería. Al parecer, sólo los vikingos les dieron una utilidad: soltarlos en alta mar para que encontraran tierra firme. De ahí que la contemplación de los cuervos en algunas aldeas presagiara todo tipo de calamidades y se les asociara invariablemente con el mal agüero”.

Artículo completo: Reflexiones sobre la cría de cuervos (El Confidencial)

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