Sep 27
Lo cuenta Robert Fisk: La medianoche de un jueves me encontraba yo acostado boca arriba en el Coliseo mirando el desfile de estrellas encima de Roma, en el lugar en que los leones destrozaban a los gladiadores y a metros del sitio en que San Pablo fue crucificado y que quedó marcado por su “martirio”. Este último término, desde luego, se ha vuelto incómodo en esta era de bombarderos suicidas, y por eso sólo me queda reflexionar en cómo este centro de crueldad llegó a convertirse en una de las más grandes atracciones turísticas de nuestros tiempos.
Artículo completo: La pena de muerte (La Jornada)
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